lunes, 25 de abril de 2011

Historias pequeñas seis.

Tengo grabado tu nombre en mi cuerpo,
                                                            Horrible candado de castidad.
Nadie puede...nadie puede vivir olvidando sus responsabilidades.
                                                    ¿Por qué no se permite soñar?
Horrible candando de castidad,
Castidad.
                 Candado.
Horrible.
                                                Tristeza aguda, paciencia infinita.
Oh  sinceridad ¿Dónde te has metido?
                                                    Oh serenidad ¿Dónde estás?

Silvia Yulmaneli Moreno León. 
Derechos Reservados. 

martes, 19 de abril de 2011

Me doy cuenta de que me faltas.

Me doy cuenta de que me faltas
y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
pero todo es inútil.
Cuando me quedo solo
me quedo más solo
solo por todas partes y por ti y por mí.
No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando.
Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.
Puedes empezar a leer esto
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.
Cierra estas palabras como un círculo,
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.
Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado de mis huesos,
todo es pesadumbre.

Jaime Sabines. 

viernes, 15 de abril de 2011

Historias pequeñitas cuatro.

    Siempre nos amábamos con ropa, no había lugar ni dinero, para que se cometiera el pecado.
Nos amábamos con ropa, en el elevador, en la azotea, algunas veces en tú cuarto; con miedo a que alguien nos descubriera, pero nadie subía ni oían, simplemente eramos demasiado temerosos.
¿Me pregunto si lo recordarás? Tal vez...ustedes las mujeres tienen mejor memoria.

Silvia Yulmaneli Moreno León. 
Derechos Reservados. 

miércoles, 13 de abril de 2011

Poema mundano.



Poema mundano, cómo vivir nuestra vida -pregunta-
Estoy aburrido, soy la tierra rotulada en el otoño
y la literatura es el gusano que roe el camino subterráneo
por donde vendrá el agua para nutrir la cosecha del verano.

Fotografía empolvada sobre el piano y encontrada viva después
en la provincia donde los padres daban clase
para conservar la fe -ha pensado que es mejor venir
a la gran ciudad con fiestas para la enajenación de la conciencia.

Mi alma: una mujer mundana que sale con cualquiera
Las mozas no son fieles, ni los violines son verdaderos
Bailarinas flores derrumbadas bailarinas trasegadas
muéstranos el secreto despojado de las hojas de algod6n.

En el escenario silencio mujer desnuda, en la sala embarazo, pero
ni menos un pensamiento que te duela, ni un actor que se muera
El negro de la luna desciende (deleitosamente) como el gorrión sobre un violín
y si lo quieres, amada mía, si lo quieres te pagaré un capricho.

Tristan  Tzara.

martes, 12 de abril de 2011

Colores.

Se encontraba tirada en el pasto verde, mirando el azul del cielo, con sus ojos de jade, mordía sus labios rosas, movía sus dedos blancos, lloraba lagrimas trasparentes.


Silvia Yulmaneli Moreno León. 
Derechos Reservados. 

domingo, 3 de abril de 2011

Historias pequeñitas tres.

Ella quiso encontrarme, lo supe desde que leí aquel mensaje en mi teléfono “Te espero a las 4, en el café de hace 10 años, no vayas a faltar, es importante.” Entonces trate de guardar su recuerdo en ese lugar de donde creí jamás sacarlo, para negarme a verla pero fue imposible, me tire en el sofá y volví a leer el mensaje una y tantas veces para ratificar que no era mentira, que estaba de nuevo aquí y de alguna forma le era vital verme.
Comencé el ritual  de belleza, me sentí de nuevo como un chiquillo, arreglándome, afeitándome, luciendo ropa que no me ponía hacia tiempo, lustrando mis zapatos y usando esa corbata que tanto le gustaba.
De camino compre unas flores, no podía olvidar sus favoritas, jazmines.
Al entrar al café, mi vista se iba a todos lados buscándola, no la veía y comencé a desesperarme, otra mirada al fondo del local y allí estaba con un vestido rojo y liso, y frente a ella estaba sentado su hijo.
Me acerque, creo que no me hubiera notado si no fuera por la advertencia del niño.  Se levanto y me abrazo como se abraza a un amigo al que no se le ha visto demasiado tiempo,  volteo la cabeza hacia arriba, hacia mis ojos, seguía siendo linda y ese color de labios rojo le quedaba bien, tuve ganas de desamarrarle el cabello, pero no me atreví, me sonrió y movió algo que creía muerto desde que se fue.
“Te presento a mi hijo” me dijo, no quise preguntar el nombre sabía que se llamaba igual que el padre, además que era su vivo recuerdo, tenía hasta la misma mala forma de mirarme.
Yo solamente quería tenerla abrazada a ella y mirarle el rostro, ella me sonreía.
“Ahora sé que escogí mal” hablo dándole un sorbo al café, yo le acaricié el cuello donde tenía una enorme cicatriz. “Son las huellas del amor” me explico “Y de la inseguridad”.
Entonces me abrazo y soltó el llanto. “No te preocupes, ya no dejaré que te vayas nunca” le prometí.

Silvia Yulmaneli Moreno León. 
Derechos Reservados.