La habitación de una suicida es como cualquier otra
aunque pretendamos pensar siempre lo contrario,
aunque:
los cuerpos y sus formas los cuerpos y sus instrumentos
los cuerpos y sus razones, harán a veces alguna diferencia.
El cuerpo irrumpe el equilibrio cotidiano.
El cuerpo adultera las sacras y comunes leyes de la semejanza,
deja de ser –entonces- como cualquier otra
la habitación de la suicida:
las cortinas relajadas o precisas
los viejos zapatos en el clóset
la lámpara tímida ante la oscuridad nocturna
la mesita de noche, que también será mesa de día
el amanecer que ronda y agasaja las ventanas
la tarde que se despide y mira de reojo
la silla intacta frente al librero adusto,
Missael sonriendo en una foto: todo se trastoca.
En este albergue los objetos me guarecen,
ellos son mi carta explicatoria,
dile a mis amigos que no los abandonen,
que los posean y coloquen en sus casas
que ellos
sus hijos
y los hijos de sus hijos los posean
y coloquen en sus casas.
Sé que ya una palabra mía no bastará para sanarte
pero abre la puerta, no tengas miedo
la habitación de una suicida es como cualquier otra
aunque pretendamos pensar siempre lo contrario.
Alejandra Sequeira
(Nicaragua, 1982)