lunes, 31 de octubre de 2011

Recuerdos

Ahora que vengo en el camión mirando ese viejo paisaje de muerte que tengo que observar cuando regreso de la escuela, porque el sueño también escapa de mí, me hace recordar cuando aún era muy pequeña, cuando iba a visitar la escuela de mamá...recuerdo que al terminar de pintarte los labios de ese color vino y ponerte perfume, venias a mí y con tus manos tibias ponías crema en mi rostro, y me vestías con ese vestido lleno de flores moradas, peinabas mi cabello y al final besabas mi frente, quizá es lo que más extraño... ese beso en la frente que al parecer ahora conservas para mi funeral o tal vez yo para el tuyo; me cargabas hasta el baño para lavarme mis dientes, boleabas mis zapatos y revisabas que mis tobilleras estuvieran lindas para tus amigos. Dime madre...¿un día pesaste qué ese pedazo de carne se convirtiera en algo así? Salíamos de la casa, y esperábamos un camión que me llevaría a la ciudad que mas felicidad nos dio. Ahí supe porque siempre olías a limón. 

Llegábamos, me apresuraba a subir el puente, pero me detenías porque el cabello ya estaba despeinado, porque mis zapatos deberían llegar limpios, odia el olor de tu saliva cuando la usabas para limpiarme los ojos. Del puente, teníamos que meternos al mercado, donde olía a cosas diferentes, a veces a carne a veces a fruta, a flores, a vida. También existía la música, de un lado rock nacional, del otro cumbia y en otros más rock en ingles, ahí fue donde escuche Creep, por primera vez y Special Needs. Para salir de ahí teniamos que usar unas escaleras, lo hacíamos y caminábamos derechito a tu escuela. En tu escuela teníamos que hacer la ceremonia, saludar a la gente adulta que me miraba curiosa, que me fastidiaba, ¿te diste cuenta madre desde ahí me gusto estar sola?. Entrabamos a tu salón y me sentía mejor que en casa, cuando te ibas por alguna razón ellos jugaban conmigo, recuerdo en especial a Eder, porque me cargaba y me y me hacia reír.

También recuerdo los hermosos atardeceres y como desde tu escuela se veían los edificios enormes y en los vidrios de estos la luz del sol reflejada; cuando eso ocurría sabía que teníamos que regresar....y después de nuevo a la soledad de una casa vacía llena de ecos, donde sólo se hablaba de lo que sería de adulta, mientras yo veía por la ventana a los niños que eran libres....

Silvia Yulmaneli Moreno León. 
Derechos Reservados. 

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