viernes, 19 de octubre de 2012

I see you.

Te observo…
Te observo…- pregono el anciano desde un mundo vecino.
-¿No lo ves? Te observo- las constelaciones se alinearon, la noche estaba tibia y acida,
Los humanos habían de llamarla de otro modo en el año de 2578, la noche ya no era noche, su nombre era capricho.
Los humanos eran obesos, casi simiescos, ya no necesitaban el agua para vivir, su alimento era la tierra seca y los insectos de grandes alas marrones.
Algunos nacían con inteligencia superdotada y podían abandonar la cueva de sus progenitores, mientras los que no, serían toda su vida como bestias, como los primeros cavernícolas.
Las polis estaban llenas de cultura para los superdotados.
Ya no existían los zoológicos de animales, ya solo eran museos de animales antiguos disecados o fósiles de perros y animales caseros de la antigüedad.
No había atmósfera, pero ya no importaba tanto, puesto que el sol estaba por secarse.
Todo era desértico, las mujeres superdotadas llamadas Irattás, eran altas y muy muy delgadas de labios carnosos y ojos grises, calvas y de piel azul.
Los hombres superdotados eran medianos, de cabellos gruesos y marrones, tenían pequeños ojos oscuros, su piel era rosa y llena de lunares verdes. Los labios parecían siempre secos. Se llamaban asi mismos Guanajisun. Y en su idioma se decían a todos (ellos y ellas) Pasuanz que significa los que saben mucho.
¿Cómo nacían de los humanos sobrevivientes? No se sabe a ciencia cierta como era que nacían, solo conocían que eran diferentes a todos ellos.
Su nueva investigación era encontrar como crear selvas o lugares llenos de árboles, querían experimentar un poco de la llamada sombra que venia descrita en textos encontrados en los subterráneos del planeta.
-Te observo- siguió diciendo el anciano Hugansen del planeta vecino.

Silvia Yulmaneli Moreno León.
Derechos Reservados. 

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