miércoles, 30 de marzo de 2011

Historias pequeñitas dos

“Una de ron y diez de algo más fuerte, supongo. ¿Cuándo se hizo malo? Tal vez siempre lo fue y apenas me doy cuenta. Creo que ya no hay nada que salvar.
Nunca me ha golpeado ¿pero era necesario? Lo mejor es irme ahora que duerme para no verlo llorar ni tampoco derrumbarme.”
Junto sus maletas lo más rápido que pudo, guardo en ellas la poca ropa que tenía  y algunas sobras  de su ser.
Salió de la casa sin hacer ruido, no quiso voltear, quizá si lo hacia se convertiría en una estatua de sal.
"Ich weiss es wird einmal ein wunder gerschehn" tarareaba intentando no llorar, pero no pudo se desplomó y las lagrimas brotaron.
“Siempre hubo momentos felices, aunque fuéramos demasiado pobres, había esperanza. Pero se hizo malo, comenzó a oler a licor y a mujeres, sus ojos ya no eran limpios ni sus sentimientos tampoco”
Después de estas cavilaciones, tomó sus cosas,  se levanto del suelo y desapareció entre el mar de gente.


Silvia Yulmaneli Moreno León. 
Derechos Reservados. 

sábado, 26 de marzo de 2011

Minicuento 262431

Hacía algún tiempo que había escuchado el rumor de que los hombres se enamoraban de las androides, “¿puede ser?” me pregunte  “podría, ya que son hermosas”.
Cierto día iba caminando por una avenida, pasaba cerca de un callejón cuando un ruido me hizo ir al fondo de éste y ahí estaba, entre basura, una de las androides que cree, sabía que era la 262431 porque de las cincuenta que diseñé y construí, era la  única que tenía los ojos turquesa y los labios color durazno.
    La tome en mis brazos y la lleve a casa. Lo primero que hice fue limpiarla y pintar algunas partes de su cuerpo, arreglar ese cabello negro y lacio que se había vuelto chino y algo marrón por el polvo, le maquille un poco el rostro, quise que se viera feliz y vivaz; lo siguiente era reparar su sistema, busque mis herramientas y algunos manuales, pero de nada sirvieron mis nueve horas; el corazón estaba estropeado, totalmente húmedo, lleno de agua salada.
    Supuse entonces que era verdad lo que se decía.

Silvia Yulmaneli Moreno León. 
Derechos Reservados. 

miércoles, 16 de marzo de 2011

Octavio Paz
Acabar con todo

Dame, llama invisible, espada fría, 
tu persistente cólera, 
para acabar con todo, 
oh mundo seco, 
oh mundo desangrado, 
para acabar con todo. 

Arde, sombrío, arde sin llamas, 
apagado y ardiente, 
ceniza y piedra viva, 
desierto sin orillas. 

Arde en el vasto cielo, laja y nube, 
bajo la ciega luz que se desploma 
entre estériles peñas. 

Arde en la soledad que nos deshace, 
tierra de piedra ardiente, 
de raíces heladas y sedientas. 

Arde, furor oculto, 
ceniza que enloquece, 
arde invisible, arde 
como el mar impotente engendra nubes, 
olas como el rencor y espumas pétreas. 
Entre mis huesos delirantes, arde; 
arde dentro del aire hueco, 
horno invisible y puro; 
arde como arde el tiempo, 
como camina el tiempo entre la muerte, 
con sus mismas pisadas y su aliento; 
arde como la soledad que te devora, 
arde en ti mismo, ardor sin llama, 
soledad sin imagen, sed sin labios. 
Para acabar con todo, 
oh mundo seco, 
para acabar con todo.

domingo, 13 de marzo de 2011

Historias pequeñitas uno

 "No, no está bien" comenzó a decirme al oído. "Las cosas no se hacen de este modo" siguió.
 "Ya no debernos y menos así", cogió su ropa con un halo de culpa y se marchó, dejándome solo en la habitación del motel.





Silvia Yulmaneli Moreno León. 
Derechos Reservados. 

sábado, 12 de marzo de 2011

Debo.

Debo dejar de escribir...
romper los lapices y guardar las plumas,
de amarte, porque...cómo me hace daño eso,
¡pero tonto! Tú me ilusionas.

Debo dejar de escribir...
e imaginar de nuevo que no existes,
que no eres nada,
insistirle a mi corazón que te saqué,
que aquel día no existió,
que fue una falsa alarma.

Romper los lapices, será un buen ejercicio de relajación,
guardar las plumas también y destruir las hojas aún mejor.
¡Pero tonto! Tú me ilusionas.
Silvia Yulmaneli Moreno León. 
Derechos Reservados. 

miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Guardaste nuestros sueños Isobel?...

¿Debajo del pantano?

Sigues siendo hermosa,
el tiempo contigo no ha hecho bien su trabajo.
¿Cuándo fue la última vez que me besaste?,
creo que fue la noche anterior a tu juicio,
si, antes de que la luna cayera
y tus ojos se cerraran por siempre...

No hay manera de recobrarte, sirena,
te has unido al viento...
Silvia Yulmaneli Moreno León. 
Derechos Reservados. 

lunes, 7 de marzo de 2011

Cada mujer:un museo



Cada mujer es un museo, le dije mientras ella abría sus puertas y yo buscaba la obra perfecta en su interior. Nada encontré, sólo recorrí pasillos y pasillos de arte inútil y superficial.
Cada mujer es un tiovivo, le dije, mientras dábamos vueltas y vueltas, ambos sonriendo para los fotógrafos. Flash-flash. Sólo eran apariencias que los retratos ayudaban a esconder.
Cada mujer es un mapa, le dije, mientras yo intentaba trazar cartografías, nuevos caminos. Aunque todo está recorrido, uno pretende ser descubridor.
Cada mujer es un punto fijo, insistí, mientras ella hacía maletas, guardaba su vida y se marchaba.
- ¿Estás seguro? – cuestionó
- Cada mujer – le aseguré
- Nada de eso – corrigió.
Cada mujer se aleja tarde o temprano, terminé por decirle, mirándola irse, dejándola ir.

Luis Humberto Crosthwite.

domingo, 6 de marzo de 2011

The Metaphysics of Pedro the ice cream man.

La metafísica de Pedro el heladero.

Según lo veo, el cielo es otro mundo, nada más,
y yo no soy de ahí.
Vi un programa en la tele acerca de los peces de las profundidades,
que viven tan profundo que casi no son peces, sino apenas
pinchos y lamparitas que relumbran en un lugar extraño.
Nosotros no podemos bajar tanto, excepto en una máquina.
De intentar respirar, nos ahogaría el agua,
y nos aplastaría la oscuridad. Mientras que aquellos peces
se la pasan nadando ahí, con sus luces de giro y sus dientitos,
comiendo lo que sea que ellos comen,
todas nuestras palabras y los planes que hacemos no nos sirven de nada;
y todas esas sombras y las cosas que brillan,
junto con la comida invisible de los peces,
tienen bastante más sentido que nosotros.
¿Por qué sería diferente el cielo?
Otro país por el que para entrar tenemos que morir,
y donde ya no importan la tierra ni la sangre ni los huesos,
y hay que aprender a parecerse al aire
después de caminar por tantos años.
Cuando a la noche prendo una vela al costado de mi cama,
eso es lo más que llego a parecerme
a los peces de las profundidades.
Se me voló el sombrero un día de viento;
quizá eso se parezca un poquito a volar
o a tener espíritu o a ser uno. Jamás volví a encontrarlo
Quizá llegue a algún lado antes que yo,
quizá me quede donde estoy sin él.  

ROBIN MYERS
MAPLEWOOD, NEW  JERSEY, ESTADOS UNIDOS (1987)
Traducción de 
Ezequiel Zaidenwerg
Buenos Aires, Argentina (1981)