Hacía algún tiempo que había escuchado el rumor de que los hombres se enamoraban de las androides, “¿puede ser?” me pregunte “podría, ya que son hermosas”.
Cierto día iba caminando por una avenida, pasaba cerca de un callejón cuando un ruido me hizo ir al fondo de éste y ahí estaba, entre basura, una de las androides que cree, sabía que era la 262431 porque de las cincuenta que diseñé y construí, era la única que tenía los ojos turquesa y los labios color durazno.
La tome en mis brazos y la lleve a casa. Lo primero que hice fue limpiarla y pintar algunas partes de su cuerpo, arreglar ese cabello negro y lacio que se había vuelto chino y algo marrón por el polvo, le maquille un poco el rostro, quise que se viera feliz y vivaz; lo siguiente era reparar su sistema, busque mis herramientas y algunos manuales, pero de nada sirvieron mis nueve horas; el corazón estaba estropeado, totalmente húmedo, lleno de agua salada.
Supuse entonces que era verdad lo que se decía.
Silvia Yulmaneli Moreno León.
Derechos Reservados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario