romper los lapices y guardar las plumas,
de amarte, porque...cómo me hace daño eso,
¡pero tonto! Tú me ilusionas.
Debo dejar de escribir...
e imaginar de nuevo que no existes,
que no eres nada,
insistirle a mi corazón que te saqué,
que aquel día no existió,
que fue una falsa alarma.
Romper los lapices, será un buen ejercicio de relajación,
guardar las plumas también y destruir las hojas aún mejor.
¡Pero tonto! Tú me ilusionas.
Silvia Yulmaneli Moreno León.
Derechos Reservados.
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